Durante el festejo de los cien años de la restauración de la Iglesia, la comunidad de La Luz del Mundo en Mérida, Yucatán, se unió en oraciones vespertinas mediante las cuales los asistentes vivieron un acercamiento espiritual, recordando que su más grande vocación es servir a Dios con fidelidad. En este momento de reflexión, tuvieron la oportunidad de reafirmar uno de sus principios más bellos: “La gratitud no se paga, se corresponde”.
Es así como a través de la oración, los presentes renovaron su espíritu en esta fecha histórica y memorable.
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