En el centenario de La Luz del Mundo, el templo de Phoenix se convirtió en el escenario de una emotiva y gloriosa ceremonia de bautismos.
A lo largo de la jornada, los presentes experimentaron una atmósfera llena de valentía, firme decisión y un profundo amor por seguir el camino de Dios.
Entre cantos de gozo y expresiones de alabanza, cada creyente pasaba al frente y, levantando su mano en alto, daba testimonio público de su convicción.
La ciudad de Phoenix fue fiel testigo de este significativo acontecimiento, vistiéndose de gala para conmemorar cien años de fe, historia y devoción.

